Se necesitan pastores

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida.

i.03. MARCO HISTÓRICO

El Imperio Romano estaba en su apogeo.

Augusto había colocado un firme fundamento administrativo sobre el cual sus mejores sucesores pudieron construir, y los peores no pudieron demoler.

Continuaban los beneficios que la civilización romana aportaba a los habitantes del imperio, aun cuando el gobernante fuera débil o tiránico, o ambas cosas.

Los emperadores, durante el período abarcado por el libro de Hechos, c. 31-63 d. C., fueron:

Tiberio (14-37), Calígula (37-41), Claudio (41-54), Nerón (54-68).

Tiberio y Claudio se esforzaron por el bien de sus vastos territorios; en cambio, Calígula y Nerón, lo poco que hicieron, fue para mal. Pero, a pesar de estas variaciones en el gobierno se mantuvieron en el imperio las condiciones favorables para la propagación del Evangelio.

Los factores que ayudaron en la tarea de los apóstoles fueron: un gobierno relativamente estable, un sistema administrativo común, la justicia romana, una ciudadanía que cada vez se otorgaba con más facilidad, la paz preservada por legiones bien disciplinadas, los caminos que llegaban hasta cada rincón del mundo entonces conocido, y su idioma - el griego - que se entendía casi en todas partes.

Al principio la nueva religión aprovechó su vinculación con el judaísmo. La raza escogida había sido dispersada en muchos lugares del imperio, y sus creencias básicas con el tiempo fueron toleradas por los romanos.

El cristianismo, como un desprendimiento de la fe más antigua, compartió esta tolerancia; pero después el judaísmo cayó en desgracia. Los judíos fueron expulsados de Roma durante el reinado de Claudio (Hechos 18: 2), y las vehementes aspiraciones nacionales de ello ocasionaron la rebelión en Palestina y las desastrosas guerras de los años 66-70 d. C., que culminaron con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C.

Cuando empeoro la situación del judaísmo, la posición del cristianismo se hizo más peligrosa. Era una religión no reconocida legalmente, y sus miembros no estaban amparados por la ley. Cuando surgían dificultades, como cuando Roma fue incendiada en el año 64 d. C., fue fácil echarle la culpa a la comunidad cristiana; y la persecución que sobrevino estableció un terrible precedente que se siguió Fielmente en los años sucesivos.

Esta situación sirvió como telón de fondo a Lucas al preparar su historia de la iglesia primitiva y al escribir los Hechos de los Apóstoles.

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