Se necesitan pastores

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida.

Hechos 1:4 Esperar antes de ir


"Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí" (RV - 1960).

"E, comendo com eles, determinou-lhes que não se ausentassem de Jerusalém, mas que esperassem a promessa do Pai, a qual, disse ele, de mim ouvistes" (RA 2ª ed).

"And, being assembled together with them, commanded them that they should not depart from Jerusalem, but wait for the promise of the Father, which, saith he, ye have heard of me" (King James Version).

"et convescens praecepit eis ab Hierosolymis ne discederent sed expectarent promissionem Patris quam audistis per os meum" (Vulgata)

Estando juntos
Gr. συναλιζομενος sunalizomenos - que literalmente significa "comer sal con", y en consecuencia, "comer juntos" o "reunirse". Es posible que se refiera a una reunión realizada en Galilea (Mat. 28: 16-18), pues la última que tuvieron, cuando los discípulos vieron ascender a Jesús, no aparece hasta Hechos 1:6.

No se fueran de Jerusalén
Debían regresar a la capital, lugar donde tantas veces el Salvador había ministrado, y donde finalmente sufrió, fue sepultado, y resucitó. Allí sus discípulos serían investidos de poder y desde ese lugar debían comenzar a dar su testimonio.

Que esperasen
"He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Luc. 24:49).

La tarea que aguardaba a los discípulos no podía llevarse a cabo empleando sólo medios humanos.

Debían esperar
(1) hasta el momento designado,

(2) en el lugar designado, en Jerusalén, el sitio de mayor peligro y de mayores oportunidades.

Los discípulos debían esperar y no irse a pescar, como lo habían hecho Pedro y algunos otros poco antes (Juan 21:3).

Debía haber
(1) una expectativa reverente del gran poder de Dios;
(2) un profundo anhelo de recibir ese poder y de estar preparados para recibirlo; y
(3) una oración ferviente y unánime para que Dios cumpliera su promesa.

La promesa del Padre.
Es decir, la promesa del don del Espíritu Santo (Juan 14:16; 16:7-13).
La cual oísteis de mí
"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre... Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho... "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí". (Juan 14:16, 26; 15:26).

"Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16:7-15).