Se necesitan pastores

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida.

Hechos 1:5b Bautizó en agua

“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

El verbo Gr. βαπτιζω [baptizô ] quiere decir "bañar", "sumergir".

Se empleaba para referirse a la inmersión de una tela en una tintura, o al acto de sumergir un tiesto en el agua a fin de llenarlo. También se empleaba en sentido metafórico para referirse a las heridas recibidas en una batalla. Se dice de Esquilo, que aparece tiñendo (literalmente "bautizando") a un hombre en la tintura roja de Sardis.

También se empleaba el verbo βαπτιζω para referirse a una persona que se estaba ahogando en deudas.

El sentido intrínseco de la palabra, junto con los detalles específicos del relato evangélico, deja en claro que el bautismo de Juan era administrado por inmersión: "en agua" ( "Yo a la verdad os bautizo en agua - εν υδατι [en hudati] - para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mateo 3:11).

Juan el evangelista destaca que Juan el Bautista "bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas" (Juan 3:23). Además, los cuatro evangelistas hacen notar que la mayor parte, si no todo el ministerio de Juan, acaeció en las proximidades del río Jordán (Mat. 3:6; Mar. 1:5, 9; Luc. 3:3; Juan 1:28).

Si Juan no hubiera bautizado por inmersión, habría encontrado suficiente agua en casi cualquier punto de Palestina.

Es evidente que lo mismo ocurría con el bautismo cristiano, porque en la descripción del bautismo del eunuco etíope, se nota que tanto el que bautizó como el que fue bautizado "descendieron... al agua... y subieron del agua" (Hech. 8: 38-39). Si hubiera sido adecuado el bautismo por aspersión, el eunuco, en vez de esperar a que llegaran a "cierta agua" para solicitar el bautismo (vers. 36), bien podría haberle ofrecido a Felipe agua de la que llevaba para beber.

Por otra parte, solamente la inmersión refleja con precisión el simbolismo del rito bautismal.

En Romanos 6:3-11 Pablo enseña que el bautismo cristiano representa la muerte. El ser bautizado, dice Pablo, es ser bautizado en la muerte de Cristo (vers. 3), ser sepultado "juntamente con él para muerte por el bautismo" (vers. 4), ser plantado "juntamente con él en la semejanza de su muerte" (vers. 5), ser "crucificado juntamente con él" (vers. 6). Pablo concluye: "Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios" (vers. 11).

Es evidente que derramar agua o asperjarla sobre una persona no puede simbolizar la muerte ni la sepultura.

Pablo aclara más el sentido de lo que dice señalando el importante hecho de que el salir del bautismo simboliza la resurrección "de los muertos" (vers. 4). Es evidente que los escritores del NT sólo conocían el bautismo por inmersión.

El uso del agua para la purificación ritual no era novedad en tiempos de Juan el Bautista. Las leyes levíticas mandaban al leproso sanado (Lev. 14: 9), a los que habían tenido impurezas físicas (cap. 15), al que había comido animal mortecino (cap. 17: 15), al sumo sacerdote (cap. 16) y al que se preparaba para comer cosa santa (22: 6), a que se lavaran para ser limpios. Por lo tanto, el símbolo del lavamiento para quitar la inmundicia era bien conocido.

La comunidad de Qumrán practicaba ritos de lavamiento. Las ruinas de su establecimiento monástico muestran claramente cisternas y estanques con accesos escalonados para facilitar la entrada y la salida del agua.

El Manual de disciplina describe las ceremonias diarias de purificación y para limpiarse del pecado. La persona misma cumplía el rito sin que otro lo administrara. Qumrán queda a poco más de 20 km del lugar donde se cree que Juan bautizaba. Muchos han querido ver una estrecha relación entre los dos, pero el estudio cuidadoso de los restos arqueológicos y de los escritos esenios muestra que aunque había parecidos, no hay por qué pensar que Juan fuera esenio ni que estuviera siguiendo las costumbres esenias.

Por otra parte, en la literatura rabínica de épocas posteriores, se mencionan también ritos de purificación mediante inmersión en agua. Muy posiblemente esto refleje costumbres más antiguas que los libros mismos, pero esto no se puede asegurar.

El que las escuelas de Hillel y de Shammai aparezcan discutiendo cuestiones de inmersión ritual indicaría que esto viene del primer siglo (ver Mishnah Pesahim 8. 8).

Al parecer, los prosélitos debían pasar por este rito, como también las mujeres después de la menstruación (ver Talmud 'Erubin 4b, p. 20; Yebamoth 47a, 47b).

Si bien había algún precedente para la idea de purificación por agua, el bautismo como tal es diferente a los ritos judíos y esenios.

Es evidente que los judíos que acudían a Juan en el desierto comprendían el significado de ese rito y lo consideraban como un procedimiento apropiado. Aun los representantes del sanedrín que fueron enviados para interrogar a Juan no pusieron en tela de juicio el rito del bautismo en sí, sino sólo la autoridad de Juan para realizarlo (Juan 1:19-28).

En todo el NT se ve que el bautismo cristiano es sencillamente un símbolo y que no infunde gracia divina. A menos que una persona crea en Jesucristo (Hechos 8:37; cf. Romanos 10:9) y se arrepienta del pecado (Hechos 2:38; cf. cap. 19:18), el bautismo de nada le puede servir. (Ver: EL BAUTISMO - I; EL BAUTISMO - II; EL BAUTISMO - III, en Historia Eclesiástica.

En otras palabras, no hay poder salvador en el rito mismo, aparte de la fe en el corazón del que recibe el rito.

Por éstas y otras consideraciones, queda en claro que el bautismo de los párvulos no tiene sentido en lo que concierne a la salvación del niño. El bautismo sólo puede ser significativo cuando el niño tiene edad suficiente como para entender la salvación, la fe y el arrepentimiento.

Los judíos reconocían la validez del bautismo para los prosélitos, o sea, los gentiles que se habían convertido al judaísmo. El que Juan lo exigiera de los, judíos mismos - y aun de sus dirigentes religiosos - era lo más notable de su bautismo. Además, consideraba que su bautismo sólo preparaba para el bautismo que había de ser administrado por Cristo (Mateo 3:11).

A menos que los judíos aceptaran el bautismo de Juan y el bautismo subsiguiente del Espíritu Santo por medio de Jesucristo, no eran mejores que los paganos. El que fueran descendientes de Abrahán de nada les serviría (Mateo 3:9; cf. Juan 8:33, 39, 53; Rom. 11: 21; Gál. 3:7, 29; Sant. 2: 21; etc.).