Se necesitan pastores

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida.

Hechos 1:5a Juan

“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

Juan el Bautista, el precursor de Jesucristo e hijo de Zacarías - sacerdote de la "clase de Abías"- y de Elisabet (Lucas 1:5).

Mientras Zacarías estaba cumpliendo sus funciones sacerdotales de quemar incienso en el templo, Gabriel lo informó del nacimiento de un hijo y le dio instrucciones de llamar su nombre Juan y criarlo como nazareo.

El ángel predijo que el niño sería lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre, y que saldría con el espíritu y el poder de Elías para "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lucas 1:8-17).

Al recordar su propia edad avanzada como también la de su esposa, Zacarías expresó dudas acerca de las palabra del ángel, y por ello quedó mudo (Lucas 1:18-22). A su debido tiempo nació el niño, y 8 días más tarde fue circuncidado.

Los vecinos y parientes supusieron que el niño se llamaría Zacarías, pero Elisabet, siguiendo las instrucciones del ángel (Lucas 1:13), insistió en el nombre Juan. Cuando Zacarías fue consultado por señas, escribió en una tableta que el nombre debía ser Juan; en ese momento recuperó el habla.

Estos sucesos extraños asombraron a la gente de la región, de modo que se preguntaban qué clase de niño sería el que nació (Lucas 1:57-66). Su padre, lleno del Espíritu Santo, profetizó que su hijo sería llamado "profeta del Altísimo" y que iría "delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos" (Lucas 1:67-79).

Era primo de Jesús y unos 6 meses mayor que él (Lucas 1:36), por lo que probablemente comenzó su ministerio unos 6 meses antes que Cristo, más o menos a los 30 años de su vida. Era la edad en la que los judíos consideraban que el hombre había alcanzado su madurez plena y, por tanto, podía aceptar las responsabilidades de la vida pública (cf 3:23).

Aparentemente, Juan fue un hombre de aspecto y carácter rudo. No vaciló en hablar claramente cuando fue necesario (Mateo 3:7-12; Lucas 3:7-9). Era austero; hasta parecería de hábitos casi antisociales (Mateo 11:19; Lucas 7:33): comía alimentos muy sencillos, - como langostas y "miel silvestre"-, su ropa estaba tejida de pelo de camello y usaba un cinturón de cuero (Mateo 3:4; Marcos 1:6; cf Mateo 11:8 ).

Creció en el desierto, donde vivió hasta el comienzo de su ministerio. La Biblia no ofrece información con respecto a la vida y educación temprana de Juan, fuera de decir que "el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel" (Lucas 1:80).

Parecería que toda su predicación se realizó en el "desierto de Judea" (Mateo 3:1), una región de cerros estériles entre el Mar Muerto y los montes más altos de la región central de Palestina. Lucas afirma que trabajó en la "región contigua al Jordán", y que su predicación en el desierto era el cumplimiento de la profecía de Isaías (Lucas 3:3, 4).

Una razón para predicar cerca del Jordán fue sin duda la presencia del río para los bautismos (cf Juan 3:23). El poder de su mensaje queda demostrado en que salían multitudes de las ciudades y de los campos para escucharlo y ser bautizados por él (Mateo 3:5, 6; Marcos 1:4, 5; Lucas 3:7). No sólo su palabra llevó frutos entre los judíos de Judea, sino que los efectos de su mensaje se esparcieron por regiones más allá de Palestina (Hechos 18:25; 19:3).

El clímax y el comienzo de la declinación del ministerio de Juan llegó el día del bautismo de Jesús (Juan 1:33). Cuando el Señor lo pidió, Juan puso objeciones, afirmando que él mismo necesitaba ser bautizado por Cristo, pero Jesús le instó a que realizara la ceremonia, "porque así conviene que cumplamos toda justicia" (Mateo 3:13-15).

Después del bautismo, Juan vio al Espíritu Santo en forma de paloma que descendía sobre Jesús, y oyó una voz del cielo que testificaba que era el Hijo de Dios (Mateo 3:16, 17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21, 22; Juan 1:30-34).

"El día siguiente" Juan señaló a Cristo como el Cordero de Dios a quienes lo rodeaban (Juan 1:29). Más tarde, cuando repitió su declaración, dos de sus discípulos que habían escuchado sus palabras comenzaron a seguir a Jesús (Juan 1:36-42), símbolo del cambio que se produciría en las multitudes que abandonarían a Juan para seguir al nuevo Maestro (Juan 3:26).

En ningún momento fue mayor la grandeza de Juan que cuando algunos de sus discípulos vinieron a él con el mensaje de que todos los hombres seguían a Jesús. Su respuesta mostró la más completa abnegación y entrega a Dios: "No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo... Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Juan 3:2) .

Algunos meses, o tal vez un año o más después del bautismo de Jesús, Herodes Antipas lo encarceló, porque lo había reprendido valientemente por abandonar a su esposa y casarse con su sobrina Herodías, que era la esposa de su hermanastro Herodes Felipe (Mateo 14:3, 4; Lucas 3:19, 20).

Algún tiempo después de su encarcelamiento Juan envió a dos de sus discípulos a Jesús para preguntarle si era el Mesías o no. Jesús les pidió que le contaran a Juan lo que habían visto y oído: cómo los enfermos sanaban, los muertos resucitaban y el evangelio era predicado a los pobres (Mateo 11:2-6; Lucas 7:18-23).

Después de la partida de los mensajeros, Jesús pronunció un maravilloso panegírico de su precursor: Juan no era vacilante ni indeciso, como un junco movido en la dirección en que sopla el viento; no era un hombre de vestimenta y maneras palaciegas, sino un profeta, y mucho más que un profeta, a quien se le dio la tarea de anunciar la venida del Mesías (Mateo 11:7-18; Lucas 7:24-35).

Tal vez unos 6 meses después de este incidente Juan fue decapitado. Su muerte se debió a las intrigas de Herodías, que odiaba a Juan por haber reprendido los actos de Herodes en relación con ella (Marcos 6:19). En ocasión del cumpleaños del gobernante, cuando éste atendía a algunos invitados importantes, Salomé, la hija de Herodías y Felipe, bailó ante ellos. Su actuación agradó tanto a Herodes que le ofreció lo que pidiera, hasta la mitad de su reino.

Salomé consultó con su madre, que le indicó que pidiera la cabeza de Juan. Esto turbó a Herodes, porque lo respetaba y temía. Sin embargo, consideró que no podía dejar de cumplir su promesa; de modo que ordenó que el profeta fuera decapitado. La orden se cumplió y la cabeza del Bautista fue presentada en una bandeja (Mateo 14:3, 6-11; Marcos 6:19-28).

El cuerpo de Juan fue sepultado por sus discípulos (Mateo 14:12; Marcos 6:29).

Cuando más tarde Herodes oyó acerca de Jesús y de sus obras maravillosas, pensó que era Juan resucitado de los muertos (Mateo 14:1, 2; Marcos 6:14, 16; Lucas 9:7). De acuerdo con Josefo, el encarcelamiento y la muerte de Juan ocurrieron en la fortaleza de Machaeros (Maquero), en Perca, al este del Mar Muerto.

Los Rollos del Mar Muerto, descubiertos desde 1947, y las excavaciones en Qumrán revelaron varios paralelos estrechos entre las costumbres y enseñanzas de la secta de Qumrán y las de Juan el Bautista.

Como Juan, los miembros de la comunidad de Qumrán, probablemente esenios, vivían en el desierto de Judá y se negaban la mayoría de las comodidades de la vida. Creían en la separación del mundo y en una vida de negación propia para "preparar el camino del Señor" citando, como lo hizo Juan, Isaias 40:3 (1 QS viii.13-16; cf Mateo 3:3).

Practicaban lavamientos rituales en estanques, ríos y en el mar, y los novicios parecen haber sido sometidos a una especie de bautismo. Sus creencias, reflejadas en sus libros, y sus expectativas del Mesías y otras enseñanzas también muestran paralelismos con las de Juan.

Estos parecidos han sugerido que antes de su ministerio público Juan pudo haber sido miembro de la comunidad de Qumrán y que, como tal, compartía muchas de sus convicciones e ideales, pero que se había separado de ellos y de su mundo cuando Dios lo llamó a la obra pública que prepararía el camino para el ministerio de Jesús.