Se necesitan pastores

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida.

Hechos 1:6a. ¿Restauras el reino?"

οι μεν ουν συνελθοντες ηρωτων αυτον λεγοντες κυριε ει εν τω χρονω τουτω αποκαθιστανεις την βασιλειαν τω ισραηλ

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”

Se habían reunido.
Se habían reunido en Jerusalén, en obediencia a la voluntad del Señor (vers. 4) y por acuerdo mutuo. Jesús mismo estuvo con ellos, aunque no se menciona ninguna aparición inesperada o sobrenatural. Esta fue la última reunión de los discípulos con su Señor, porque ocurrió el día de la ascensión (Mar. 16: 19; Luc. 24: 50-51; 1 Cor. 15: 7).

Le preguntaron.
Mejor "le preguntaban", pues el tiempo imperfecto del verbo en griego indica una acción repetida.

¿Restaurarás el reino?
Mejor "en este tiempo, ¿restauras el reino?" O también, ¿Es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?" (BJ).

Los discípulos aún no comprendían la naturaleza del reino de Cristo.

Él no había prometido el tipo de restauración que ellos esperaban. ¹ Pensaban que Jesús "había de redimir a Israel" (Lucas 24: 21) es decir, liberarlo de los romanos.

Pedro y los otros discípulos descubrieron una redención diferente en Pentecostés (Hechos 2: 37-39). La ascensión y la experiencia en el día dePentecostés les dieron una nueva comprensión. Finalmente entendieron la naturaleza espiritual del reino de su Señor.

Los judíos sentían una fervorosa esperanza mesiánica. En los Salmos de Salomón, obra apócrifa escrita poco antes de la era cristiana, se repite con frecuencia esta idea.

La siguiente plegaria es típica. "Mira, oh Señor, y suscítales su rey, el hijo de David, en el tiempo que tú veas, oh Dios, que pueda reinar sobre Israel tu siervo. Y cíñelo de fuerza, para que pueda hacer añicos a los poderes impíos y purificar a Jerusalén de las naciones que la pisotean y la destruyen... Y él purificará a Jerusalén, y la santificará como en tiempos de antaño, para que las naciones vengan desde los confines de la tierra a ver su gloria, trayendo como regalos a sus Hijos que habían desmayado y para ver la gloria del Señor con la cual Dios la ha glorificado" (Salmos de Salomón, 17: 23-35).

Pensamientos tales muy bien podrían haber inducido a los discípulos a esperar que hubiera llegado el tiempo para el establecimiento del reino prometido, lo cual motivó su pregunta.

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¹ Los judíos acariciaban la convicción de que la salvación era para ellos y el castigo para los gentiles (Salmo 79: 6). La idea judía de que la salvación dependía de la nacionalidad y no de la entrega personal a Dios, cegó al pueblo hasta tal punto que no pudo comprender la verdadera naturaleza de la misión de Cristo y lo indujo a rechazarlo. Esperaban que el Mesías aparecería como un poderoso príncipe a la cabeza de un gran ejército para vencer a todos los opresores de los judíos y para someter a todo el mundo a la autoridad de Israel.

Este error fundamental surgió porque los judíos deliberadamente pasaban por alto las profecías que hablaban de un Mesías que sufriría, y aplicaban mal aquellas que destacaban la gloria de su segunda venida. El orgullo, el prejuicio y la opinión preconcebida indujeron a los judíos a este estado de ceguera espiritual. Estaban ciegos ante el hecho de que lo que vale no es la cantidad de luz que brilla sobre una persona, sino el uso que le da a esa luz.

Se deleitaban en la idea de que el castigo de Dios estaba reservado para otros, y hasta pudieron haberse sorprendido de que Jesús ni siquiera lo mencionara -al leer Isaías 61: 1-2, en Nazaret, Jesús omitió las palabras "el día de venganza del Dios nuestro" (Lucas 4: 18, 19)-. Cuando Jesús ensalzó en su sermón la fe de los paganos, insinuando así la falta de fe de los judíos, los oyentes quedaron resentidos y con ira (Lucas 4: 25-29).