EL DIOS QUE YO CONOZCO

Se necesitan pastores

Se necesitan pastores -pastores fieles- que no halaguen al pueblo de Dios ni lo traten con aspereza, sino que lo alimenten con el pan de vida.

Hechos 1:13

και οτε εισηλθον εις το υπερωον ανεβησαν ου ησαν καταμενοντες ο τε πετρος και ιωαννης και ιακωβος και ανδρεας φιλιππος και θωμας βαρθολομαιος και μαθθαιος ιακωβος αλφαιου και σιμων ο ζηλωτης και ιουδας ιακωβου

"Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo." (RV - 1960).

"Quando ali entraram, subiram para o cenáculo onde se reuniam Pedro, João, Tiago, André, Filipe, Tomé, Bartolomeu, Mateus, Tiago, filho de Alfeu, Simão, o Zelote, e Judas, filho de Tiago." (VARA, 2ª ed.).

"And when they were come in, they went up into an upper room, where abode both Peter, and James, and John, and Andrew, Philip, and Thomas, Bartholomew, and Matthew, James the son of Alphaeus, and Simon Zelotes, and Judas the brother of James." (KJV).

"et cum introissent in cenaculum ascenderunt ubi manebant Petrus et Iohannes Iacobus et Andreas Philippus et Thomas Bartholomeus et Mattheus Iacobus Alphei et Simon Zelotes et Iudas Iacobi" (Vulgata).

Aposento alto.
Griego: υπερωον [huperôon] (Inglés: "upper room").
Este aposento alto no estaba en el templo ("y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén" - Lucas 24: 53), donde los discípulos aún rendían culto a Dios ("Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración" - Hechos 3: 1), sino en el piso alto de una casa particular, en un lugar privado.

Hechos 1:12

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τοτε υπεστρεψαν εις ιερουσαλημ απο ορους του καλουμενου ελαιωνος ο εστιν εγγυς ιερουσαλημ σαββατου εχον οδον

"Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo*" ( *Aquí equivale a sábado, RV-1960).

"Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un sábado" (RV - 1995).

"Então, voltaram para Jerusalém, do monte chamado Olival, que dista daquela cidade tanto como a jornada de um sábado" (VARA, 2ª ed.).

"Then returned they unto Jerusalem from the mount called Olivet, which is from Jerusalem a sabbath day's journey" (KJV).

"tunc reversi sunt Hierosolymam a monte qui vocatur Oliveti qui est iuxta Hierusalem sabbati habens iter" (Vulgata)

Volvieron
Los discípulos se alejaron de la cruz profundamente tristes y completamente frustrados. Después de cada aparición del Maestro resucitado, quedaban perplejos aunque esperanzados. Sin embargo, ahora, después de haber visto que su Señor ascendía al cielo, volvieron con gozo y con la firme seguridad de que volvería.

A Jerusalén
Obedeciendo la orden del vers. 4.

Del Olivar
El lugar de la ascensión. El monte de los Olivos está al este de Jerusalén, aproximadamente a mitad de camino a Betania. Es una formación montañosa baja separada de la ciudad por el valle del Cedrón. Está a unos 800 m. sobre el nivel del mar, o sea unos 80 m. más que la altura promedio de Jerusalén y unos 90 m. más que la zona del templo. El huerto de Getsemaní se encontraba en la ladera occidental del monte frentea la ciudad de Jerusalén.

Betania queda a unos 15 estadios (Gr. σταδιον [stadion]), o sea a unos 3 km de Jerusalén (Juan 11: 18). Lucas explica que después de la última reunión con los discípulos en Jerusalén, Jesús "los sacó fuera hasta Betania" (Lucas 24: 50); lo hizo posiblemente porque quería estar otra vez en un lugar que le era familiar y que tanto amaba. Desde allí, recorriendo un corto camino sobre "el monte que se llama del Olivar", llegarían de regreso Jerusalén.

Camino de un sábado
Esta frase sólo aparece aquí en la Biblia; indica la distancia que había entre Jerusalén y el monte de los Olivos. Josefo registra que la distancia era de 5 ó 6 estadios (Antigüedades xx. 8. 6; Guerra v. 2. 3), o sea poco más de un kilómetro.

La Mishnah concuerda con estas cifras, porque dice que el "límite sabático" era de 2.000 codos: "Si un hombre salía [más allá del límite sabático] para hacer algo permitido [dar testimonio de la luna nueva o salvar una vida] y entonces se le decía que esa acción ya se había realizado, tiene el derecho de moverse dentro de dos mil codos en cualquier dirección; si estaba dentro del límite sabático es como si no hubiera salido, porque cualquiera que sale para librar [a uno que está en peligro] puede volver a su lugar [de donde partió]" (Erubin 4. 3).

Había maneras para superar los inconvenientes causados por ese límite: "Si un hombre estaba de viaje [a su casa] y lo sorprendía la noche, y reconocía un árbol o un cerco y decía, 'sea mi lugar de descanso sabático debajo de él, no ha dicho nada; pero si dijera: 'sea mi lugar de descanso sabático en su raíz, puede caminar desde donde está hasta su raíz [hasta la distancia de] dos mil codos y desde su raíz a su casa [hasta la distancia de] dos mil codos. De este modo puede viajar cuatro mil codos después de que haya oscurecido. Si no reconoce [ningún árbol o cerco]... y dice: 'Sea mi lugar de descanso sabático donde estoy parado', su posición le da el derecho a caminar hasta dos mil codos en cualquier dirección como [si estuviera] en un círculo... Pero los sabios dicen: como [si estuviera] en un cuadrado, como una tablilla cuadrada, para que aproveche el beneficio de las esquinas" (Mishnah, Erubin 4. 7-8).

"Los sabios no han ordenado la regla del límite sabático para añadir restricciones, sino para que sean menos rigurosas" (Erubin 5. 5).

Se dice que el origen del límite de los dos mil codos puede hallarse en la tradición de que la distancia desde la tienda más apartada del campamento de Israel, en el desierto, hasta la tienda de la reunión o tabernáculo era la mayor distancia que podía caminar un hebreo sin que se dijera que había salido de su lugar en el séptimo día:

"Luego mediréis fuera de la ciudad al lado del oriente dos mil codos, al lado del sur dos mil codos, al lado del occidente dos mil codos, y al lado del norte dos mil codos, y la ciudad estará en medio; esto tendrán por los ejidos de las ciudades" (Números 35: 5).

"Mirad que Jehová os dio el sábado, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Quédese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día" (Éxodo 16: 29, RV-1995).

Pero con más probabilidad, era la distancia que Josué especificó que debía haber entre el pueblo y los levitas que llevaban el arca durante el cruce del Jordán:

"A fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella" (Josué 3: 4).

Crisóstomo (Homilía III, Hechos 1:12) suponía que la ascensión tuvo que haber ocurrido en sábado, porque de otro modo no tendría razón la mención del "camino de un día de reposo". Sin embargo, esta conclusión no es necesaria. Es probable que la ascensión ocurriera un jueves.

Hechos 1:11

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“los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (RV-1960).

“e lhes disseram: Varões galileus, por que estais olhando para as alturas? Esse Jesus que dentre vós foi assunto ao céu virá do modo como o vistes subir” (VARA, 2ª ed.).

"Which also said, Ye men of Galilee, why stand ye gazing up into heaven? this same Jesus, which is taken up from you into heaven, shall so come in like manner as ye have seen him go into heaven" (KJV).

"qui et dixerunt viri galilaei quid statis aspicientes in caelum hic Iesus qui adsumptus est a vobis in caelum sic veniet quemadmodum vidistis eum euntem in caelum" (Vulgata).

Varones galileos
Todos los discípulos, a excepción quizá de Judas, eran oriundos de Galilea, y se conocían por su habla galilea (cf. Mateo 26: 73; Marcos 14: 70). Pero los ángeles conocían a estos hombres sin necesidad de que hablaran, así como conocen la vida de otros seres humanos (cf. Hechos 10: 3-6).

¿Qué estáis mirando?
Los discípulos, extasiados, parecían ser incapaces de apartar la vista del lugar donde su amado Maestro había desaparecido. Los dos ángeles rompen el hechizo con la pregunta: "¿qué estáis mirando al cielo? -compárese con la pregunta del ángel después de la resurrección: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" (Lucas 24: 5)- "el que ha ascendido es Dios Hijo, os ha dicho sus planes, y volverá otra vez: '¿qué estáis mirando al cielo?' Él os ha dado una obra que hacer como preparación para su retorno".

Sin embargo, en cierto sentido los cristianos siempre deberían estar mirando al cielo: "Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo" (Filipenses 3: 20).

Este Jesús
El mismo Jesús a quien los discípulos habían conocido íntimamente durante los tres años y medio que acababan de transcurrir.

Así vendrá
Como suceso histórico, la segunda venida de Cristo está indisolublemente ligada a otros acontecimientos históricos: su resurrección y su ascensión.

Las Escrituras revelan a:

(1) Cristo el Creador
"Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él" (Colosenses 1: 16).

"en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo" (Hebreos 1: 2).

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Juan 1: 1-3).

(2) Cristo el encarnado:
"sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Filipenses 2: 7).

"Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Hebreos 2: 14-15).

"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1: 14).

(3) Cristo el crucificado:
"declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo" (Hechos 17: 3).

"Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" 1 Corintios 15: 3-4).

(4) Cristo el resucitado y ascendido al cielo:
"acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos" (Romanos 1: 3-4).

(5) Cristo el Intercesor:
"Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4: 14-16).

"Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto" (Hebreos 7: 22).

"Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2: 1).

(6) Cristo el rey que viene:
"Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria" (Mateo 24: 30).

"El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 11: 15).

"Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES" (Apocalipsis 19: 11-16).

Estas revelaciones constituyen una presentación en conjunto del Hijo de Dios en fases relacionadas de su gran obra redentora. En todas ellas, él es "Jesús", "el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos 13: 8).

Según esa promesa, la venida de Jesús deberá ser: (1) personal: "este Jesús; (2) visible: "como le habéis visto ir"; (3) acompañada de nubes: "una nube... lo ocultó"; (4) segura: "así vendrá".

Esta sencilla aunque solemne promesa de los ángeles le imprime a la doctrina de la segunda venida de Cristo una completa certeza, asegurada por la realidad de la ascención. Todo -acontecimiento y promesa- es verdad, o ninguno de los dos lo es. Sin la segunda venida de Cristo, toda la obra anterior del plan de redención sería tan vana como lo sería la siembra y el cultivo sin la cosecha

Hechos 1:10

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“Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas” (RV-1960).

“E, estando eles com os olhos fitos no céu, enquanto Jesus subia, eis que dois varões vestidos de branco se puseram ao lado deles” (VARA, 2ª ed.).

“And while they looked stedfastly toward heaven as he went up, behold, two men stood by them in white apparel” (KJV).

“cumque intuerentur in caelum eunte illo ecce duo viri adstiterunt iuxta illos in vestibus albis” (Vulgata).


Los ojos puestos en el cielo
Mejor "estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba" (BJ). Jesús ascendió gradualmente. No hubo una desaparición repentina como en Emaús: "Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista" (Lucas 24: 31).

Se pusieron junto a ellos
Mejor "se habían puesto junto a ellos"; ya estaban allí cuando los discípulos advirtieron su presencia.

Dos varones
Si bien se los llama "varones", pues aparecieron en forma humana, eran ángeles. Compárese con los dos ángeles vestidos de blanco que saludaron a María en la tumba, uno de los cuales es llamado "un joven", y con el "varón"-"ángel" que visitó Cornelio:

"Y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto" (Juan 20: 12-13).

"Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron" (Marcos 16: 5).

"Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente" (Hechos 10: 30).

"Quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro" (Hechos 11: 13).

Hechos 1:9

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“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos” (RV-1960).

“Ditas estas palavras, foi Jesus elevado às alturas, à vista deles, e uma nuvem o encobriu dos seus olhos” (VARA, 2ª ed.).

“And when he had spoken these things, while they beheld, he was taken up; and a cloud received him out of their sight” (KJV).

“et cum haec dixisset videntibus illis elevatus est et nubes suscepit eum ab oculis eorum” (Vulgata).


Viéndolo ellos
Ningún creyente había visto al Salvador resucitar de entre los muertos, pero se les permitió a los once discípulos y a la madre de Jesús que lo vieran ascender al cielo. De este modo se convirtieron en testigos fidedignos de la realidad de la ascensión.

Fue alzado
Griego: επαιρω [epairô].Aquí se relata la ascensión como un sencillo hecho histórico. En lo que resta del NT no se lo menciona a menudo, pero se acepta este hecho implícitamente como una verdad cardinal del cristianismo histórico.

Jesús la había predicho:
"¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?" (Juan 6: 62).

Pedro habló nuevamente de ella:
"A quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo" (Hechos 3: 21).

Más tarde Pablo se refirió a la misma:
"E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria" (1 Timoteo 3: 16).

La ascensión fue una culminación apropiada del ministerio terrenal de Cristo.

Nuestro Salvador había descendido del cielo para efectuar la salvación del hombre:

"Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo... para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3: 13, 15).

Cuando concluyó su obra terrenal, decidió regresar a su hogar celestial: "En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros" Juan 14: 2).

Para mediar entre Dios y el hombre: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2: 5).

"Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Hebreos 7: 25).

"Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre... Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (Hebreos 8: 1-2, 6).

"Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2: 1).

Hasta su segunda venida: "Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis" (Juan 14: 3).

Una nube
Cristo regresará del mismo modo: "sobre las nubes", "con las nubes":

"Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria... Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo... He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén" (Mateo 24: 30; 26: 64; Apocalipsis 1: 7).

Innumerables multitudes de ángeles acompañarán a su Señor cuando venga en gloria: "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria" (Mateo 25: 31).

Jesús volverá en la misma forma en que se fue: "Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hechos 1: 11).

Le recibió... que le ocultó de sus ojos
Literalmente "lo recibió de los ojos de ellos".

Hechos 1:8 - "Pero recibiréis poder... "

"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1: 8).

Poder.
Griego: δυναμις [dunamis] , "fuerza", "capacidad", "poder". Las palabras "dinamita", "dinámico" y dínamo" derivan de δυναμις [dunamis].

En los Evangelios se emplea con frecuencia la palabra δυναμις [dunamis] para referirse a los milagros de Cristo (Para el uso de la palabra δυναμις [dunamis] en el NT, véase: DICCIONARIO - "Poder"):

"Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros(δυναμις [dunamis]), porque no se habían arrepentido, diciendo: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros (δυναμις [dunamis]) que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza... Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros (δυναμις [dunamis]) que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy" (Mateo 11: 20, 21, 23).

"Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro (δυναμις [dunamis]) en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí" (Mar.9: 39). etc.

Lucas se refiere al poder sobrenatural que reciben únicamente aquellos sobre quienes desciende el Espíritu Santo:

"Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder (δυναμις [dunamis]) del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1: 35).

"He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder (δυναμις [dunamis]) desde lo alto" (Lucas 24: 49).

Nadie está equipado para el servicio del Evangelio a menos que haya sido investido del poder celestial. El conocimiento no es suficiente; no basta la actividad; uno debe ser poseído por el Espíritu Santo. El poder sobreviene al creyente sólo si el Espíritu Santo lo posee. Ni siquiera la autoridad para echar fuera demonios es suficiente.

Este poder es para testificar.

Proporciona (1) poder interior, (2) poder para proclamar el Evangelio, (3) poder para llevar a otros a Dios. Por medio de sus discípulos, llenos de este poder, Jesús continuaría la obra que había comenzado en la tierra, y se harían obras aún mayores:

"De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre" (Juan 14: 12).

El testimonio presentado por el Espíritu sería una señal distintiva de la iglesia cristiana.

Hechos 1:8

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"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (RV-1960).

"Mas recebereis poder, ao descer sobre vós o Espírito Santo, e sereis minhas testemunhas tanto em Jerusalém como em toda Judéia e Samaria e até aos confins da terra" (VARA 2ª ed.).

"But ye shall receive power, after that the Holy Ghost is come upon you: and ye shall be witnesses unto me both in Jerusalem, and in all Judaea, and in Samaria, and unto the uttermost part of the earth" (KJV).

"sed accipietis virtutem supervenientis Spiritus Sancti in vos et eritis mihi testes in Hierusalem et in omni Iudaea et Samaria et usque ad ultimum terrae" (Vulgata).

Hechos 1:7. "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones"

ειπεν προς αυτους ουχ υμων εστιν γνωναι χρονους η καιρους ους ο πατηρ εθετο εν τη ιδια εξουσια

"Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad" (Hechos 1:7).

Les dijo - Cristo no respondió directamente a la pregunta de sus discípulos, sino que llamó su atención a la obra que tenían que hacer.

Los tiempos - χρονος [chronos] se refiere sencillamente, en forma general, al "tiempo" cronológico.

Las sazones - καιρος [kairos] se aplica a momentos específicos o culminantes en el tiempo, con énfasis en lo que acontece.

Es como si Jesús les hubiera dicho: "No les corresponde a ustedes saber ni la fecha, ni la forma exacta del establecimiento del reino".

En su sola potestad - Mejor "ha fijado con su propia autoridad". La palabra griega que se traduce "potestad" o "autoridad" es εξουσια [exousia], y no δυναμις [dunamis], el "poder" o "capacidad" del vers. 8.

Dios no es siervo del tiempo; es su Amo. Su conocimiento trasciende al tiempo, porque es omnisapiente, sabe todas las cosas:

"Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender" (Salmo 139: 1-6).

"Los ojos de Jehová están en todo lugar, Mirando a los malos y a los buenos" (Proverbios 15: 3).

"Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta" (Hebreos 4: 13).

Su conocimiento previo es una prueba de su deidad:

"Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antig:uedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero" (Isaías 46: 9-10).

El comparte lo que quiere con los que le sirven:

"Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley" (Deuteronomio 29: 29).

"La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto" (Salmo 25: 14).

"Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer" (Juan 15: 15).

"Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre" (Juan 16: 25).

Los discípulos sentían deseos de conocer el tiempo exacto de la revelación del reino de Dios; pero Jesús les dijo que no les era permitido conocer los tiempos y las sazones, pues el Padre no los había revelado. Entender cuándo debía ser restaurado el reino de Dios no era lo más importante que debían conocer. Debían ser hallados siguiendo al Maestro, orando, esperando, velando y trabajando. Debían ser los representantes del carácter de Cristo ante el mundo.

Esta es también la obra en que nosotros debemos ocuparnos.

En vez de vivir a la expectativa de alguna sazón o tiempo especial de conmoción, debemos aprovechar sabiamente las oportunidades presentes, haciendo lo que debe ser hecho para que las almas puedan ser salvas.

En lugar de consumir las facultades de nuestra mente en especulaciones acerca de los tiempos y las sazones que el Señor ha puesto bajo su autoridad, y que no ha revelado a los hombres, debemos rendirnos ante el dominio del Espíritu Santo para cumplir con nuestros deberes actuales, para dar el pan de vida, no adulterado con las opiniones humanas, a las almas que están pereciendo por falta de la verdad.

Satanás siempre está preparado para llenar la mente con teorías y cálculos que desvíen a los hombres de la verdad divina y los incapacite para dar al mundo el mensaje del evangelio. Siempre ha sido así, pues nuestro Salvador con frecuencia tuvo que reprender a los que se complacían en especulaciones y siempre estaban investigando aquellas cosas que el Señor no había revelado.


Jesús había venido a la tierra para impartir importantes verdades a los hombres, y deseaba impresionar su mente con la necesidad de recibir y obedecer sus preceptos e instrucciones, de cumplir con sus deberes presentes; y los mensajes de Jesús eran de una naturaleza que impartía conocimiento para su uso diario inmediato.

Jesús dijo: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3). Todo lo que había sido hecho y dicho tenía este único propósito en vista: afianzar la verdad en la mente de ellos para que pudieran alcanzar la vida eterna.

Jesús no vino para asombrar a los hombres con un gran anuncio sobre algún tiempo especial cuando ocurriría un gran suceso, sino para instruir y salvar a los perdidos. No vino para despertar y complacer la curiosidad, pues sabía que eso sólo aumentaría el apetito por lo desconocido y lo maravilloso.

Su propósito era impartir conocimiento mediante el cual los hombres pudieran crecer en fortaleza espiritual y avanzaran por el camino de la obediencia y la verdadera santidad. Sólo impartía las instrucciones que podían ser apropiadas para las necesidades de la vida diaria de ellos, sólo la verdad que pudiera ser dada a otros de la misma manera. No hizo nuevas revelaciones a los hombres, sino que les abrió el entendimiento a verdades que por mucho tiempo habían sido oscurecidas o tergiversadas por las falsas enseñanzas de los sacerdotes y maestros.

Jesús restituyó las gemas de verdad divina a su debido lugar, en el orden en que habían sido dadas a los patriarcas y los profetas. Y después de haberles impartido esa preciosa instrucción, prometió darles el Espíritu Santo por medio del cual deberían recordar todas las cosas que les había dicho.

Estamos en continuo peligro de ponernos por encima de la sencillez del Evangelio.

En muchos hay un intenso deseo de sorprender al mundo con algo original, que arrebate a la gente a un estado de éxtasis espiritual y cambie el orden actual de lo que se conoce. Hay, sin duda, gran necesidad de un cambio en el orden actual de lo que conocemos, pues la santidad de la verdad divina no se comprende como se debiera; pero el cambio que necesitamos es un cambio de corazón que sólo se puede obtener buscando individualmente la bendición de Dios, implorando en busca de su poder, orando fervientemente para que su gracia venga sobre nosotros y puedan ser transformados nuestros caracteres. Este es el cambio que necesitamos hoy día, y para lograr esta experiencia debemos utilizar energía perseverante y manifestar sincero fervor; debemos preguntar con verdadera sinceridad: ¿qué debo hacer para ser salvo? Debemos saber con exactitud qué pasos estamos dando hacia el cielo.

Cristo dio a sus discípulos verdades cuya anchura, profundidad y valor poco apreciaban y ni siquiera comprendían; y la misma condición existe ahora entre el pueblo de Dios. Hemos fracasado también en comprender la grandeza, en percibir la belleza de la verdad que Dios nos ha confiado. Si avanzáramos en conocimiento espiritual, veríamos que la verdad se desarrolla y ensancha en formas que ni siquiera hemos soñado; pero nunca se desarrollará en forma alguna que nos induzca a imaginar que podemos conocer los tiempos y las sazones que el Padre ha puesto en su sola potestad.

Hechos 1:7




"Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad" (RV-1960).


"Respondeu-lhes: Não vos compete conhecer tempos ou épocas que o Pai reservou pela sua exclusiva autoridade" (VARA 2ª ed.).


"And he said unto them, It is not for you to know the times or the seasons, which the Father hath put in his own power" (KJV).


"Dixit autem eis non est vestrum nosse tempora vel momenta quae Pater posuit in sua potestate" (Vulgata).

Hechos 1:6b. Israel

οι μεν ουν συνελθοντες ηρωτων αυτον λεγοντες κυριε ει εν τω χρονω τουτω αποκαθιστανεις την βασιλειαν τω ισραηλ

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”

Israel

Hasta este momento los discípulos aún no habían captado el concepto del reino espiritual para todas las naciones (Mateo 8: 11-12), compuesto del verdadero Israel con el corazón circuncidado (Romanos 2: 28-29). Tampoco comprendían que cuando la nación judía rechazó a Jesús se había separado de la raíz y del tronco del verdadero Israel, en el cual los conversos cristianos, fueran judíos o gentiles, debían ser injertados (Romanos 11). Es evidente que aún esperaban que se estableciera el reino mesiánico de David, en la monarquía en Judá, en el pueblo judío literal.

No presenta dificultad alguna el hecho de que los discípulos emplearan la palabra "Israel" para referirse a "Judá". Es verdad que con frecuencia se emplea el nombre "Israel" para designar a las diez tribus del norte y distinguirlas de Judá; pero también se aplica muchas veces al conjunto de las doce tribus y aun a Judá específicamente, así como al pueblo escogido de Dios sin ninguna distinción de tribu.¹ El contexto debe indicar el sentido en todos los casos. Por lo tanto, no es sorprendente que en el NT siempre encontremos que se aplica el nombre "Israel" a toda la nación judía. Aunque los judíos de ese tiempo eran mayormente de la tribu de Judá, les pertenecía la sucesión directa y legítima no sólo por ser de la provincia postexílica de Judá (que era la continuación del anterior reino de Judá), sino también de la nación de Israel originalmente unida.

Los judíos de los dias de Cristo eran los herederos de la antigua teocracia que había sido gobernada por la dinastía davídica instituida por Dios, centrada en el culto del templo divinamente ordenado y fundada sobre el pacto nacional entre Dios y su pueblo escogido. Pablo llama a sus compatriotas judíos "israelitas", de los cuales, según la carne, eran "la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo" (Romanos 9: 4-5; cf. vers. 3; ver cap. 3: 1-2; 11: 1).

Por lo tanto, no era irrazonable que los discípulos creyeran que las profecías y las promesas que habían sido dadas al Israel de la antigüedad pertenecieran a los judíos, sucesores del antiguo reino davídico, y no al "Israel" de las diez tribus del norte que se habían separado de la casa de David; pues esas tribus no sólo se habían separado de Judá, sino también del templo y del verdadero culto a Dios, y por lo tanto del pacto nacional.

A la realidad de la herencia monárquica de Judá se sumaba el hecho de que esta nación, desde el momento cuando se produjo la separación en los días de Jeroboam, había asimilado a muchos miembros de las diez tribus del norte que deseaban permanecer leales a Jehová (2 Crónicas 11: 13-16; 15: 9; cf. cap. 16: 1).

Estos hechos explican el uso repetido del término Israel para designar al reino de Judá, y, después del cautiverio, a la comunidad judía reconstituida como provincia de Judá, a la cual pertenecían todos aquellos que habían regresado del exilio, sin importar de qué tribu eran (Esdras 2: 70; 3: 1; 4: 3; 6: 16-17, 21; 7: 7, 13; 8: 29; 9: 1; 10: 5; Nehemías 1: 6; 9: 1-2; 10: 39; 11: 3, 20; Ezequiel 14: 1, 22; 17: 2, 12; 37: 15-19; Daniel 1: 3; Zacarías 8: 13; Malaquías 1: 1).

Además, la nación judía del tiempo de Jesús representaba a las otras tribus de Israel, no sólo en población (Lucas 2: 36) sino también en territorio.

Las siguientes personas emplearon el término "Israel" para designar a la nación judía:

(1) Juan el Bautista (Juan 1: 31),

(2) Simeón (Lucas 2: 32, 34),

(3) Jesús (Mateo 8: 10; Lucas 7: 9; Juan 3: 10),

(4) Los discípulos y otros habitantes de Judea (Mateo 2: 20-22; 9: 33; Lucas 24: 21; Hechos 1: 6; 2: 22-23; 3: 12; 4: 8, 27; 5: 31; 21: 28),

(5) Gamaliel (Hechos 5: 35),

(6) Lucas (Lucas 1: 80),

(7) Pablo (Hechos 13: 16-17, 23-24; Romanos 9: 4, 6, 31; 11: 1; 1 Corintios 10: 18; 2 Corintios 11: 22; Filipenses 3: 5).

De modo que estos discípulos continuaban buscando el reino mesiánico profetizado para Israel como restauración de la soberanía nacional judía. El reino del Mesías sin duda habría pertenecido a los judíos si no hubieran perdido su derecho al rechazar al Hijo de David, porque les ofreció un reino de justicia universal en vez de un reino establecido mediante una victoria judía. El rechazo de la nación judía como pueblo escogido, privilegio que desde el comienzo había sido condicional (Éxodo 19: 5-6; Jeremías 18: 6-10; Mateo 8: 11-12; 21: 33-45), era demasiado reciente como para que los discípulos ya lo comprendieran. Bien sabían que el antiguo reino del norte de Israel se había separado definitivamente del verdadero Israel del pacto, excepto en la medida en que sus miembros individualmente prefirieran unirse de nuevo al pueblo escogido. Lo que aún no comprendían era que la nación judía, por haber rechazado el gobierno del Hijo de David, ya no era más el pueblo escogido, aunque individualmente los judíos podían ser injertados en el tronco del verdadero Israel, la iglesia de Jesucristo, en quien no hay distinciones de raza, nacionalidad, ni jerarquía (Gálatas 3: 28-29; Colosenses 3: 11).

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¹ "El Señor envió palabra a Jacob, y cayó en Israel" (Isaías 9: 8).

En este versículo se nombra a Jacob y a Israel. El mensaje del cap. 9: 8-10: 4 se dirige en primera instancia contra las diez tribus rebeldes, a las cuales generalmente se llama Efraín o Samaria (cap. 9: 9, 21). Pero en el vers. 14 es muy probable que se emplee la palabra "Israel" para designar a la nación del norte. En el vers. 8, ¿se refiere Israel a la nación del norte, y Jacob a la del sur, es decir a Judá? Si así fuera, debe entenderse que el Señor envió este mensaje por medio de Judá a Israel. Por otra parte, en un sentido más general, Isaías muchas veces emplea los términos Jacob e Israel para representar a todo el pueblo escogido de Dios (cap. 10: 20-22; 27: 6; 29: 23; 40: 27; 41: 8, 14; 43: 1, 22, 28; 44: 5; 46: 3; 48: 1, 12; 49: 6). Después de la caída final del reino del norte se emplean por lo general ambos términos para designar a Judá.

Hechos 1:6a. ¿Restauras el reino?"

οι μεν ουν συνελθοντες ηρωτων αυτον λεγοντες κυριε ει εν τω χρονω τουτω αποκαθιστανεις την βασιλειαν τω ισραηλ

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”

Se habían reunido.
Se habían reunido en Jerusalén, en obediencia a la voluntad del Señor (vers. 4) y por acuerdo mutuo. Jesús mismo estuvo con ellos, aunque no se menciona ninguna aparición inesperada o sobrenatural. Esta fue la última reunión de los discípulos con su Señor, porque ocurrió el día de la ascensión (Mar. 16: 19; Luc. 24: 50-51; 1 Cor. 15: 7).

Le preguntaron.
Mejor "le preguntaban", pues el tiempo imperfecto del verbo en griego indica una acción repetida.

¿Restaurarás el reino?
Mejor "en este tiempo, ¿restauras el reino?" O también, ¿Es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?" (BJ).

Los discípulos aún no comprendían la naturaleza del reino de Cristo.

Él no había prometido el tipo de restauración que ellos esperaban. ¹ Pensaban que Jesús "había de redimir a Israel" (Lucas 24: 21) es decir, liberarlo de los romanos.

Pedro y los otros discípulos descubrieron una redención diferente en Pentecostés (Hechos 2: 37-39). La ascensión y la experiencia en el día dePentecostés les dieron una nueva comprensión. Finalmente entendieron la naturaleza espiritual del reino de su Señor.

Los judíos sentían una fervorosa esperanza mesiánica. En los Salmos de Salomón, obra apócrifa escrita poco antes de la era cristiana, se repite con frecuencia esta idea.

La siguiente plegaria es típica. "Mira, oh Señor, y suscítales su rey, el hijo de David, en el tiempo que tú veas, oh Dios, que pueda reinar sobre Israel tu siervo. Y cíñelo de fuerza, para que pueda hacer añicos a los poderes impíos y purificar a Jerusalén de las naciones que la pisotean y la destruyen... Y él purificará a Jerusalén, y la santificará como en tiempos de antaño, para que las naciones vengan desde los confines de la tierra a ver su gloria, trayendo como regalos a sus Hijos que habían desmayado y para ver la gloria del Señor con la cual Dios la ha glorificado" (Salmos de Salomón, 17: 23-35).

Pensamientos tales muy bien podrían haber inducido a los discípulos a esperar que hubiera llegado el tiempo para el establecimiento del reino prometido, lo cual motivó su pregunta.

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¹ Los judíos acariciaban la convicción de que la salvación era para ellos y el castigo para los gentiles (Salmo 79: 6). La idea judía de que la salvación dependía de la nacionalidad y no de la entrega personal a Dios, cegó al pueblo hasta tal punto que no pudo comprender la verdadera naturaleza de la misión de Cristo y lo indujo a rechazarlo. Esperaban que el Mesías aparecería como un poderoso príncipe a la cabeza de un gran ejército para vencer a todos los opresores de los judíos y para someter a todo el mundo a la autoridad de Israel.

Este error fundamental surgió porque los judíos deliberadamente pasaban por alto las profecías que hablaban de un Mesías que sufriría, y aplicaban mal aquellas que destacaban la gloria de su segunda venida. El orgullo, el prejuicio y la opinión preconcebida indujeron a los judíos a este estado de ceguera espiritual. Estaban ciegos ante el hecho de que lo que vale no es la cantidad de luz que brilla sobre una persona, sino el uso que le da a esa luz.

Se deleitaban en la idea de que el castigo de Dios estaba reservado para otros, y hasta pudieron haberse sorprendido de que Jesús ni siquiera lo mencionara -al leer Isaías 61: 1-2, en Nazaret, Jesús omitió las palabras "el día de venganza del Dios nuestro" (Lucas 4: 18, 19)-. Cuando Jesús ensalzó en su sermón la fe de los paganos, insinuando así la falta de fe de los judíos, los oyentes quedaron resentidos y con ira (Lucas 4: 25-29).

Hechos 1:6

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (RV – 1960).

“Então, os que estavam reunidos lhe perguntaram: Senhor, será este o tempo em que restaures o reino a Israel?” (RA 2ª ed.).

“When they therefore were come together, they asked of him, saying, Lord, wilt thou at this time restore again the kingdom to Israel?” (KJV).

"Igitur qui convenerant interrogabant eum dicentes Domine si in tempore hoc restitues regnum Israhel" (Vulgata)

Hechos 1:5d Espíritu Santo

οτι ιωαννης μεν εβαπτισεν υδατι υμεις δε εν πνευματι βαπτισθησεσθε αγιω [en pneumati baptisthêsesthe hagiô] ου μετα πολλας ταυτας ημερας

“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

A menudo la palabra πνευμα [pneuma] se usa sin el adjetivo αγιος [hagios], pero el contexto con frecuencia indica que se habla del Espíritu Santo.

Las acciones del Espíritu de Dios son evidentes a través de toda la historia sagrada. Cuando el hombre se volvió insufriblemente impío, Dios dijo: "No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre" (Génesis 6:3).

Se informa que sobre varios hombres "el Espíritu de Dios vino sobre él" (1 Samuel 11:6; 19:23; Marcos 12:36; 2 Crónicas 15:1; 20:14; etc.).

El salmista reconoció la importancia del Espíritu de Dios en la experiencia espiritual (Salmos 51:11); también afirmó su omnipresencia (Salmos 139:7-12).

Joel profetizó que el Espíritu de Dios sería derramado sobre toda carne (Joel 2:28, 29), una promesa que citó Pedro cuando el Espíritu Santo fue derramado el día del Pentecostés (Hechos 2:17-21).

En general, los escritores del AT comprendieron que el Espíritu de Dios es una fuerza vitalizadora, sustentadora, estimuladora y capacitadora, identificada con Dios. Sin embargo, no es hasta los tiempos del NT cuando se observa un cuadro más claro de la obra y la personalidad del Espíritu Santo.

Cristo enseñó a sus discípulos que el Espíritu Santo les enseñaría y les ayudaría a recordar las cosas que les había dicho (Juan 14:26), testificaría de él y lo glorificaría (15:26; 16:14), convencería a los hombres de pecado y de su necesidad de justicia (16:8), y los guiaría a toda la verdad (16:13)*.

Pablo reveló que el Espíritu intercede por nosotros (Romanos 8:26), mora en nosotros (8:9), nos capacita con diversos dones espirituales (1 Corintios 12:4, 8-11, 28; Efesios 4:11) y produce frutos en la vida de los cristianos (Gálatas 5:22, 23).

Habló del cuerpo como del templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19), y advirtió contra contristar al Espíritu Santo con el cual estamos sellados para el día de la redención (Efesios 4:30).

Existió y existe mucha especulación con respecto a la naturaleza del Espíritu Santo, pero la revelación ha mantenido bastante silencio sobre el tema.

Queda implícita su personalidad, porque se lo presenta realizando actos como los de una persona: escudriña, conoce, intercede, ayuda, guía, convence. Puede ser entristecido, y se le puede mentir y resistir.

Se lo enumera con las otras personas: Dios el Padre y Jesucristo el Hijo, de tal modo que queda implícito que él también es una persona. Pero con respecto a su naturaleza esencial, el silencio es oro.

El Espíritu Santo tuvo una parte, misteriosa para nosotros, en la concepción de Jesús (Mateo 1:18, 20). Elisabet (Lucas 1:41), Zacarías (Lucas 1:67) y Simeón (Lucas 2:25, 26) actuaron bajo la influencia del Espíritu Santo.

El Espíritu descendió con la forma de una paloma sobre Jesús en ocasión de su bautismo (Marcos 1:10), y el mismo Espíritu lo condujo al desierto de la tentación (Marcos 1:12).

Se dice que Jesús fue "lleno del Espíritu Santo" (Lucas 4:1), y Juan el Bautista predijo que bautizaría en Espíritu Santo (Mateo 3:11). Jesús advirtió a los dirigentes judíos del peligro de blasfemar contra el Espíritu Santo (Mateo 12:32; Marcos 3:29; Lucas 12:10).

Durante su última noche con sus discípulos Jesús presentó a su Sucesor en su discurso de despedida. Prometió que "otro Consolador" - αλλον παρακλητον [allon paraklêton] estaría con sus seguidores para siempre. (Juan 14:16). Esta declaración implica que Jesús era el "primer paraclêtos".

El término παρακλητος [paraklêtos - παρα para + κλητος klêtos], traducido "Consolador", significa literalmente "junto al llamado", "al lado del llamado".

El Espíritu Santo prometido debía continuar con las funciones de Jesús en todo el mundo a través de los siglos. Los discípulos no quedarían huérfanos, privados de un Padre divino para cuidarlos, protegerlos y ayudarlos. En el momento más impresionable de sus vidas, Jesús les mostró la venida del Espíritu Santo como la culminación de su obra terrenal en favor de ellos y la continuación de su tarea.
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*"Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir" (Juan 16:13).

El Consolador es llamado el "ESPÍRITU DE VERDAD". Su obra consiste en definir y mantener la verdad. Mora en el corazón como el Espíritu de verdad, y así llega a ser el "paraklêto". Hay consuelo y paz en la verdad, pero no se puede hallar verdadera paz ni consuelo en la mentira.

El Espíritu Santo viene al mundo como el representante de Cristo. No solamente habla la verdad, sino que es la verdad. Sin el Espírito de verdad no habría hoy verdad salvadora para nosotros. Cristo es la personificación de la verdad (Juan 14:6), y nadie sino el Espíritu de verdad puede llevarnos a la compresnsión del carácter y la obra, el sufrimiento y la muerte de Cristo.

El asiento de la autoridad divina sobre la tierra es el Espíritu Santo. El cardenal Newman entró en la Iglésia Romana porque buscaba una autoridad suprema y encuentró una especie de reposo en la autoridad esgrimida por la Iglésia Católica. Pero olvidó que en asuntos de fe y doctrina y administración la única fuente de autoridad es el Espíritu Santo, y que "Jesús es el Señor".

Ese es el centro ineludible de toda doctrina cristiana. Todo lo demás surge de allí, porque "nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo" (1 Corintios 12:3). Este señorio de Cristo es la base de toda la doctrina verdadera relativa a los últimos dias.

"Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven" (Romanos 14:9).

La nota distintiva del papado, sin la cual no existiría, es la afirmación según la cual el papa es el vicário o sucesor de Cristo.

La nota distintiva del protestantismo, sin la cual éste tampoco existiría, es el hecho de que el Espíritu Santo es el verdadero vicario y sucesor de Cristo aqui en la tierra.

La dependencia de organizaciones y dirigentes, o de sabiduria terrenal, significa poner lo humano en lugar de lo divino, y en efecto es adoptar el principio del catolicismo romano.

Hechos 1:5c Seréis sumergidos en Espíritu Santo

οτι ιωαννης μεν εβαπτισεν υδατι υμεις δε εν πνευματι βαπτισθησεσθε αγιω [en pneumati baptisthêsesthe hagiô] ου μετα πολλας ταυτας ημερας

“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con [en] el Espíritu Santo dentro de no muchos días”. Lit: "en Espíritu Santo seréis sumergidos"

Lectura variante (varia lectio - v.l.) βαπτισθησεσθε εν πνευματι αγιω [baptisthêsesthe en pneumati hagiô] "seréis sumergidos en Espíritu Santo".

"Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego - αυτος υμας βαπτισει εν πνευματι αγιω και πυρι [autos humas baptisei en pneumati hagiô kai puri] ". (Mateo 3:11)

"He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto - εως ου ενδυσησθε εξ υψους δυναμιν [heôs hou endusêsthe ex hupsous dunamin]" (Lucas 24:49).

Hechos 1:5b Bautizó en agua

“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

El verbo Gr. βαπτιζω [baptizô ] quiere decir "bañar", "sumergir".

Se empleaba para referirse a la inmersión de una tela en una tintura, o al acto de sumergir un tiesto en el agua a fin de llenarlo. También se empleaba en sentido metafórico para referirse a las heridas recibidas en una batalla. Se dice de Esquilo, que aparece tiñendo (literalmente "bautizando") a un hombre en la tintura roja de Sardis.

También se empleaba el verbo βαπτιζω para referirse a una persona que se estaba ahogando en deudas.

El sentido intrínseco de la palabra, junto con los detalles específicos del relato evangélico, deja en claro que el bautismo de Juan era administrado por inmersión: "en agua" ( "Yo a la verdad os bautizo en agua - εν υδατι [en hudati] - para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mateo 3:11).

Juan el evangelista destaca que Juan el Bautista "bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas" (Juan 3:23). Además, los cuatro evangelistas hacen notar que la mayor parte, si no todo el ministerio de Juan, acaeció en las proximidades del río Jordán (Mat. 3:6; Mar. 1:5, 9; Luc. 3:3; Juan 1:28).

Si Juan no hubiera bautizado por inmersión, habría encontrado suficiente agua en casi cualquier punto de Palestina.

Es evidente que lo mismo ocurría con el bautismo cristiano, porque en la descripción del bautismo del eunuco etíope, se nota que tanto el que bautizó como el que fue bautizado "descendieron... al agua... y subieron del agua" (Hech. 8: 38-39). Si hubiera sido adecuado el bautismo por aspersión, el eunuco, en vez de esperar a que llegaran a "cierta agua" para solicitar el bautismo (vers. 36), bien podría haberle ofrecido a Felipe agua de la que llevaba para beber.

Por otra parte, solamente la inmersión refleja con precisión el simbolismo del rito bautismal.

En Romanos 6:3-11 Pablo enseña que el bautismo cristiano representa la muerte. El ser bautizado, dice Pablo, es ser bautizado en la muerte de Cristo (vers. 3), ser sepultado "juntamente con él para muerte por el bautismo" (vers. 4), ser plantado "juntamente con él en la semejanza de su muerte" (vers. 5), ser "crucificado juntamente con él" (vers. 6). Pablo concluye: "Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios" (vers. 11).

Es evidente que derramar agua o asperjarla sobre una persona no puede simbolizar la muerte ni la sepultura.

Pablo aclara más el sentido de lo que dice señalando el importante hecho de que el salir del bautismo simboliza la resurrección "de los muertos" (vers. 4). Es evidente que los escritores del NT sólo conocían el bautismo por inmersión.

El uso del agua para la purificación ritual no era novedad en tiempos de Juan el Bautista. Las leyes levíticas mandaban al leproso sanado (Lev. 14: 9), a los que habían tenido impurezas físicas (cap. 15), al que había comido animal mortecino (cap. 17: 15), al sumo sacerdote (cap. 16) y al que se preparaba para comer cosa santa (22: 6), a que se lavaran para ser limpios. Por lo tanto, el símbolo del lavamiento para quitar la inmundicia era bien conocido.

La comunidad de Qumrán practicaba ritos de lavamiento. Las ruinas de su establecimiento monástico muestran claramente cisternas y estanques con accesos escalonados para facilitar la entrada y la salida del agua.

El Manual de disciplina describe las ceremonias diarias de purificación y para limpiarse del pecado. La persona misma cumplía el rito sin que otro lo administrara. Qumrán queda a poco más de 20 km del lugar donde se cree que Juan bautizaba. Muchos han querido ver una estrecha relación entre los dos, pero el estudio cuidadoso de los restos arqueológicos y de los escritos esenios muestra que aunque había parecidos, no hay por qué pensar que Juan fuera esenio ni que estuviera siguiendo las costumbres esenias.

Por otra parte, en la literatura rabínica de épocas posteriores, se mencionan también ritos de purificación mediante inmersión en agua. Muy posiblemente esto refleje costumbres más antiguas que los libros mismos, pero esto no se puede asegurar.

El que las escuelas de Hillel y de Shammai aparezcan discutiendo cuestiones de inmersión ritual indicaría que esto viene del primer siglo (ver Mishnah Pesahim 8. 8).

Al parecer, los prosélitos debían pasar por este rito, como también las mujeres después de la menstruación (ver Talmud 'Erubin 4b, p. 20; Yebamoth 47a, 47b).

Si bien había algún precedente para la idea de purificación por agua, el bautismo como tal es diferente a los ritos judíos y esenios.

Es evidente que los judíos que acudían a Juan en el desierto comprendían el significado de ese rito y lo consideraban como un procedimiento apropiado. Aun los representantes del sanedrín que fueron enviados para interrogar a Juan no pusieron en tela de juicio el rito del bautismo en sí, sino sólo la autoridad de Juan para realizarlo (Juan 1:19-28).

En todo el NT se ve que el bautismo cristiano es sencillamente un símbolo y que no infunde gracia divina. A menos que una persona crea en Jesucristo (Hechos 8:37; cf. Romanos 10:9) y se arrepienta del pecado (Hechos 2:38; cf. cap. 19:18), el bautismo de nada le puede servir. (Ver: EL BAUTISMO - I; EL BAUTISMO - II; EL BAUTISMO - III, en Historia Eclesiástica.

En otras palabras, no hay poder salvador en el rito mismo, aparte de la fe en el corazón del que recibe el rito.

Por éstas y otras consideraciones, queda en claro que el bautismo de los párvulos no tiene sentido en lo que concierne a la salvación del niño. El bautismo sólo puede ser significativo cuando el niño tiene edad suficiente como para entender la salvación, la fe y el arrepentimiento.

Los judíos reconocían la validez del bautismo para los prosélitos, o sea, los gentiles que se habían convertido al judaísmo. El que Juan lo exigiera de los, judíos mismos - y aun de sus dirigentes religiosos - era lo más notable de su bautismo. Además, consideraba que su bautismo sólo preparaba para el bautismo que había de ser administrado por Cristo (Mateo 3:11).

A menos que los judíos aceptaran el bautismo de Juan y el bautismo subsiguiente del Espíritu Santo por medio de Jesucristo, no eran mejores que los paganos. El que fueran descendientes de Abrahán de nada les serviría (Mateo 3:9; cf. Juan 8:33, 39, 53; Rom. 11: 21; Gál. 3:7, 29; Sant. 2: 21; etc.).

Hechos 1:5a Juan

“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

Juan el Bautista, el precursor de Jesucristo e hijo de Zacarías - sacerdote de la "clase de Abías"- y de Elisabet (Lucas 1:5).

Mientras Zacarías estaba cumpliendo sus funciones sacerdotales de quemar incienso en el templo, Gabriel lo informó del nacimiento de un hijo y le dio instrucciones de llamar su nombre Juan y criarlo como nazareo.

El ángel predijo que el niño sería lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre, y que saldría con el espíritu y el poder de Elías para "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lucas 1:8-17).

Al recordar su propia edad avanzada como también la de su esposa, Zacarías expresó dudas acerca de las palabra del ángel, y por ello quedó mudo (Lucas 1:18-22). A su debido tiempo nació el niño, y 8 días más tarde fue circuncidado.

Los vecinos y parientes supusieron que el niño se llamaría Zacarías, pero Elisabet, siguiendo las instrucciones del ángel (Lucas 1:13), insistió en el nombre Juan. Cuando Zacarías fue consultado por señas, escribió en una tableta que el nombre debía ser Juan; en ese momento recuperó el habla.

Estos sucesos extraños asombraron a la gente de la región, de modo que se preguntaban qué clase de niño sería el que nació (Lucas 1:57-66). Su padre, lleno del Espíritu Santo, profetizó que su hijo sería llamado "profeta del Altísimo" y que iría "delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos" (Lucas 1:67-79).

Era primo de Jesús y unos 6 meses mayor que él (Lucas 1:36), por lo que probablemente comenzó su ministerio unos 6 meses antes que Cristo, más o menos a los 30 años de su vida. Era la edad en la que los judíos consideraban que el hombre había alcanzado su madurez plena y, por tanto, podía aceptar las responsabilidades de la vida pública (cf 3:23).

Aparentemente, Juan fue un hombre de aspecto y carácter rudo. No vaciló en hablar claramente cuando fue necesario (Mateo 3:7-12; Lucas 3:7-9). Era austero; hasta parecería de hábitos casi antisociales (Mateo 11:19; Lucas 7:33): comía alimentos muy sencillos, - como langostas y "miel silvestre"-, su ropa estaba tejida de pelo de camello y usaba un cinturón de cuero (Mateo 3:4; Marcos 1:6; cf Mateo 11:8 ).

Creció en el desierto, donde vivió hasta el comienzo de su ministerio. La Biblia no ofrece información con respecto a la vida y educación temprana de Juan, fuera de decir que "el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel" (Lucas 1:80).

Parecería que toda su predicación se realizó en el "desierto de Judea" (Mateo 3:1), una región de cerros estériles entre el Mar Muerto y los montes más altos de la región central de Palestina. Lucas afirma que trabajó en la "región contigua al Jordán", y que su predicación en el desierto era el cumplimiento de la profecía de Isaías (Lucas 3:3, 4).

Una razón para predicar cerca del Jordán fue sin duda la presencia del río para los bautismos (cf Juan 3:23). El poder de su mensaje queda demostrado en que salían multitudes de las ciudades y de los campos para escucharlo y ser bautizados por él (Mateo 3:5, 6; Marcos 1:4, 5; Lucas 3:7). No sólo su palabra llevó frutos entre los judíos de Judea, sino que los efectos de su mensaje se esparcieron por regiones más allá de Palestina (Hechos 18:25; 19:3).

El clímax y el comienzo de la declinación del ministerio de Juan llegó el día del bautismo de Jesús (Juan 1:33). Cuando el Señor lo pidió, Juan puso objeciones, afirmando que él mismo necesitaba ser bautizado por Cristo, pero Jesús le instó a que realizara la ceremonia, "porque así conviene que cumplamos toda justicia" (Mateo 3:13-15).

Después del bautismo, Juan vio al Espíritu Santo en forma de paloma que descendía sobre Jesús, y oyó una voz del cielo que testificaba que era el Hijo de Dios (Mateo 3:16, 17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21, 22; Juan 1:30-34).

"El día siguiente" Juan señaló a Cristo como el Cordero de Dios a quienes lo rodeaban (Juan 1:29). Más tarde, cuando repitió su declaración, dos de sus discípulos que habían escuchado sus palabras comenzaron a seguir a Jesús (Juan 1:36-42), símbolo del cambio que se produciría en las multitudes que abandonarían a Juan para seguir al nuevo Maestro (Juan 3:26).

En ningún momento fue mayor la grandeza de Juan que cuando algunos de sus discípulos vinieron a él con el mensaje de que todos los hombres seguían a Jesús. Su respuesta mostró la más completa abnegación y entrega a Dios: "No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo... Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Juan 3:2) .

Algunos meses, o tal vez un año o más después del bautismo de Jesús, Herodes Antipas lo encarceló, porque lo había reprendido valientemente por abandonar a su esposa y casarse con su sobrina Herodías, que era la esposa de su hermanastro Herodes Felipe (Mateo 14:3, 4; Lucas 3:19, 20).

Algún tiempo después de su encarcelamiento Juan envió a dos de sus discípulos a Jesús para preguntarle si era el Mesías o no. Jesús les pidió que le contaran a Juan lo que habían visto y oído: cómo los enfermos sanaban, los muertos resucitaban y el evangelio era predicado a los pobres (Mateo 11:2-6; Lucas 7:18-23).

Después de la partida de los mensajeros, Jesús pronunció un maravilloso panegírico de su precursor: Juan no era vacilante ni indeciso, como un junco movido en la dirección en que sopla el viento; no era un hombre de vestimenta y maneras palaciegas, sino un profeta, y mucho más que un profeta, a quien se le dio la tarea de anunciar la venida del Mesías (Mateo 11:7-18; Lucas 7:24-35).

Tal vez unos 6 meses después de este incidente Juan fue decapitado. Su muerte se debió a las intrigas de Herodías, que odiaba a Juan por haber reprendido los actos de Herodes en relación con ella (Marcos 6:19). En ocasión del cumpleaños del gobernante, cuando éste atendía a algunos invitados importantes, Salomé, la hija de Herodías y Felipe, bailó ante ellos. Su actuación agradó tanto a Herodes que le ofreció lo que pidiera, hasta la mitad de su reino.

Salomé consultó con su madre, que le indicó que pidiera la cabeza de Juan. Esto turbó a Herodes, porque lo respetaba y temía. Sin embargo, consideró que no podía dejar de cumplir su promesa; de modo que ordenó que el profeta fuera decapitado. La orden se cumplió y la cabeza del Bautista fue presentada en una bandeja (Mateo 14:3, 6-11; Marcos 6:19-28).

El cuerpo de Juan fue sepultado por sus discípulos (Mateo 14:12; Marcos 6:29).

Cuando más tarde Herodes oyó acerca de Jesús y de sus obras maravillosas, pensó que era Juan resucitado de los muertos (Mateo 14:1, 2; Marcos 6:14, 16; Lucas 9:7). De acuerdo con Josefo, el encarcelamiento y la muerte de Juan ocurrieron en la fortaleza de Machaeros (Maquero), en Perca, al este del Mar Muerto.

Los Rollos del Mar Muerto, descubiertos desde 1947, y las excavaciones en Qumrán revelaron varios paralelos estrechos entre las costumbres y enseñanzas de la secta de Qumrán y las de Juan el Bautista.

Como Juan, los miembros de la comunidad de Qumrán, probablemente esenios, vivían en el desierto de Judá y se negaban la mayoría de las comodidades de la vida. Creían en la separación del mundo y en una vida de negación propia para "preparar el camino del Señor" citando, como lo hizo Juan, Isaias 40:3 (1 QS viii.13-16; cf Mateo 3:3).

Practicaban lavamientos rituales en estanques, ríos y en el mar, y los novicios parecen haber sido sometidos a una especie de bautismo. Sus creencias, reflejadas en sus libros, y sus expectativas del Mesías y otras enseñanzas también muestran paralelismos con las de Juan.

Estos parecidos han sugerido que antes de su ministerio público Juan pudo haber sido miembro de la comunidad de Qumrán y que, como tal, compartía muchas de sus convicciones e ideales, pero que se había separado de ellos y de su mundo cuando Dios lo llamó a la obra pública que prepararía el camino para el ministerio de Jesús.

Hechos 1:5


“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (RV - 1960).

“Porque João, na verdade, batizou com água, mas vós sereis batizados com o Espírito Santo, não muito depois destes dias” (RA 2ª ed).

“For John truly baptized with water; but ye shall be baptized with the Holy Ghost not many days hence” (KJV).

"quia Iohannes quidem baptizavit aqua vos autem baptizabimini Spiritu Sancto non post multos hos dies” (Vulgata)

Hechos 1:4 Esperar antes de ir


"Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí" (RV - 1960).

"E, comendo com eles, determinou-lhes que não se ausentassem de Jerusalém, mas que esperassem a promessa do Pai, a qual, disse ele, de mim ouvistes" (RA 2ª ed).

"And, being assembled together with them, commanded them that they should not depart from Jerusalem, but wait for the promise of the Father, which, saith he, ye have heard of me" (King James Version).

"et convescens praecepit eis ab Hierosolymis ne discederent sed expectarent promissionem Patris quam audistis per os meum" (Vulgata)

Estando juntos
Gr. συναλιζομενος sunalizomenos - que literalmente significa "comer sal con", y en consecuencia, "comer juntos" o "reunirse". Es posible que se refiera a una reunión realizada en Galilea (Mat. 28: 16-18), pues la última que tuvieron, cuando los discípulos vieron ascender a Jesús, no aparece hasta Hechos 1:6.

No se fueran de Jerusalén
Debían regresar a la capital, lugar donde tantas veces el Salvador había ministrado, y donde finalmente sufrió, fue sepultado, y resucitó. Allí sus discípulos serían investidos de poder y desde ese lugar debían comenzar a dar su testimonio.

Que esperasen
"He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Luc. 24:49).

La tarea que aguardaba a los discípulos no podía llevarse a cabo empleando sólo medios humanos.

Debían esperar
(1) hasta el momento designado,

(2) en el lugar designado, en Jerusalén, el sitio de mayor peligro y de mayores oportunidades.

Los discípulos debían esperar y no irse a pescar, como lo habían hecho Pedro y algunos otros poco antes (Juan 21:3).

Debía haber
(1) una expectativa reverente del gran poder de Dios;
(2) un profundo anhelo de recibir ese poder y de estar preparados para recibirlo; y
(3) una oración ferviente y unánime para que Dios cumpliera su promesa.

La promesa del Padre.
Es decir, la promesa del don del Espíritu Santo (Juan 14:16; 16:7-13).
La cual oísteis de mí
"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre... Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho... "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí". (Juan 14:16, 26; 15:26).

"Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16:7-15).

Hechos 1:3c Acerca del reino de Dios

Los judíos concebían el reino de los cielos* como un reino basado en la fuerza, que obligaría a las naciones de la tierra a someterse a Israel. Pero el reino que Cristo vino a establecer es el que comienza en el corazón de los hombres, impregna sus vidas y rebosa hasta los corazones y la vida de otros con el dinámico y apremiante poder del amor.

El "reino de los cielos"* o "reino de Dios" era el tema de la enseñanza de Jesús (Luc. 4:43; 8:1).

Muchas de sus parábolas comienzan con las palabras "el reino de los cielos* es semejante a" (Mat. 13: 24, 31, 33, 45-47).

Enseñaba a sus discípulos a que oraran por la venida del reino (cap. 6: 10).

Su Evangelio era la buena nueva del reino (Mat. 4:23; etc.).

Sus discípulos eran los "hijos del reino" (Mat. 13: 38).

El Padre se complacía en darles el reino (Luc. 12:32), que habían de heredar (Mat. 25: 34).

En esta vida, los cristianos deben darle al reino el lugar supremo en sus afectos y deben convertirlo en la más importante meta de la vida (Mat. 6:33).

Cuando Jesús envió a los doce, los mandó que predicaran "el reino de Dios" (Luc. 9:2, 60).

Juan proclamó la inminencia del establecimiento del reino de los cielos (Mat.3:2). Jesús también declaró que el reino se había acercado (Mat. 4:17) e instruyó a sus discípulos, cuando los envió a predicar, que llevaran el mismo mensaje (Mat. 10:7).

El "reino de Dios" se estableció en la primera venida de Cristo. Jesús mismo era el Rey, y los que creían en él eran sus súbditos. El territorio de ese reino era el corazón y la vida de los súbditos.

Evidentemente el mensaje de Jesús se refería al reino de la gracia divina. Pero, como Jesús mismo lo indicó claramente, el reino de la gracia antecedía al reino de la gloria. Con respecto a este último, los discípulos preguntaron en el día de la ascensión: "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hech. 1:6-7).

El reino de la gracia se había acercado en los días de Cristo (Mat. 3:2; 4:17; 10:7), pero el reino de la gloria estaba en el futuro (Mat. 24: 33).

Sólo "cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos sus santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria" (Mat. 25: 31).

La frase “el reino de Dios” abarca:

(1) La interpretación correcta de las profecías mesiánicas: "Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían... Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras" (Luc. 24:27, 44-45).

(2) La extensión de la misión de la iglesia en todo el mundo y la admisión de los salvados al reino por medio del bautismo: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mat. 28:19).

(3) La promesa de poder sobrenatural y de protección divina: "Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán" (Mar. 16:15-18).

(4) La promesa de la presencia perpetua de Cristo en su iglesia: "enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén" (Mat. 28:20).

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* Expresión empleada exclusivamente por Mateo (32 veces) en su Evangelio. Mateo emplea cuatro veces (o cinco, se incluimos la lectura variante de Mat 6:33) la expresión "reino de Dios", que es la única que usan los otros evangelistas. El uso de la palabra "cielo" en lugar del nombre "Dios"responde a la costumbre de los judíos del tiempo de Jesús de no decir el nombre sagrado. Empleaban la expresión "nombre del cielo" en lugar de "nombre de Dios"; "temor del cielo" por "temor de Dios"; "honor del cielo" por "honor de Dios", etc. La expresión "reino de los cielos" no aparece en el AT, aunque la idea está implícita en los escritos proféticos (Isa. 11:1-12; 35; 65:17-25; Dan. 2:44; 7:18, 22, 27; Miq. 4:8; etc.).